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Una negociación, ya verás cómo viene Israel y la jode

Netanyahu tiene hoy muchos “incentivos” para seguir en guerra, muchos más que para la paz. También incentivos políticos y personales, pues lleva años gobernando en estado de excepción, imposibilitando la normalidad democrática en su país, haciendo campaña (militar) para su reelección, y retrasando s

Por Redacción ayer Fuente: eldiario.es ⏱ 4 min
Una negociación, ya verás cómo viene Israel y la jode
Netanyahu tiene hoy muchos “incentivos” para seguir en guerra, muchos más que para la paz. También incentivos políticos y personales, pues lleva años gobernando en estado de excepción, imposibilitando la normalidad democrática en su país, haciendo campaña (militar) para su reelección, y retrasando sus procesos judicialesEEUU abandona Islamabad sin llegar a un acuerdo con Irán: “Es nuestra oferta final. Veremos si los iraníes lo aceptan”
¿Cuál es el principal escollo para que Estados Unidos e Irán alcancen un acuerdo de paz? ¿El estrecho de Ormuz? ¿El programa nuclear iraní? ¿Las sanciones, las reparaciones de guerra? Qué va. El mayor obstáculo para poner fin a la guerra ni siquiera está en la mesa: es Benjamin Netanyahu, el criminal primer ministro de Israel. Que la frágil tregua aguante o salte por los aires, que las negociaciones avancen y se consiga la paz en la región, dependen de Israel, que es quien empezó esta guerra y quien no quiere terminarla así.

A la misma hora en que los enviados de Estados Unidos e Irán hablaban en Islamabad, seguían cayendo bombas israelíes sobre Líbano. Días atrás, bastó anunciar un alto el fuego para que Israel cometiese su mayor matanza en Beirut en muchos años, dejando en pocos minutos más de 350 muertos (la mayoría civiles, para variar) y cientos de casas destruidas. Lo previsible es que, si en los próximos días hay un acercamiento entre Estados Unidos e Irán, de inmediato lance Israel nuevos bombardeos sobre Teherán para impedir el acuerdo.

De hecho, así empezó esta guerra: cuando Irán estaba a punto de firmar un acuerdo largamente negociado sobre su programa nuclear, Netanyahu convenció a Trump para atacar el país. Y otro tanto sucedió el año pasado, en junio: solo tres días antes de que Irán y Estados Unidos se sentasen a negociar, Trump y Netanyahu bombardearon Irán. No falla: si hay posibilidad diplomática, caen bombas.

En el caso de Israel, el sabotaje de negociaciones y acuerdos es ya casi una tradición nacional al nivel del Sabbat o la kipá, bien lo saben los palestinos: en el último medio siglo han sido muchos los atisbos de paz que Israel ha echado a perder con un ataque militar, un plan de nuevos asentamientos o una visita provocadora a la explanada de las Mezquitas. Como el azulejo ese gracioso que hay en tantos bares españoles de “Hace un día precioso, ya verás cómo viene alguien y lo jode”, de Israel y la diplomacia se puede decir algo similar: “Hay una negociación, ya verás cómo viene Israel y la jode”.

Netanyahu es un especialista en ello, ha hecho carrera política reventando intentos diplomáticos. Y como gustan de decir los politólogos, el genocida primer ministro israelí tiene hoy muchos “incentivos” para seguir en guerra, muchos más que para la paz. También incentivos políticos y personales, pues lleva años gobernando en estado de excepción, imposibilitando la normalidad democrática en su país, haciendo campaña (militar) para su reelección, y retrasando sus procesos judiciales: este mismo domingo, mientras Estados Unidos e Irán discutían, la Fiscalía General de Israel aceptaba la petición de Netanyahu para posponer su comparecencia en el juicio por corrupción que lleva años aplazándose, antes por Gaza y ahora por Irán y Líbano.

Israel es el principal obstáculo, no ya para un acuerdo con Irán sino para cualquier posibilidad de paz en la región. El mayor factor de desestabilización en el mundo hoy no es Putin, ni Irán, ni siquiera Trump: es un pequeño país de Oriente Medio que, secundado por Estados Unidos, siempre viene y lo jode.
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