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La reforestación masiva de China choca con un problema: 66.000 millones de árboles no crean un bosque natural

Desertificación - Las diferencias entre plantaciones y masas naturales reflejan que el rendimiento varía según la edad de los árboles y la forma de gestionar cada terrenoReforestar todos los bosques perdidos ayudaría a enfriar la Tierra, pero no bastaría para frenar el cambio climático Las t

Por Redacción julio 20, 2026 Fuente: eldiario.es ⏱ 6 min
La reforestación masiva de China choca con un problema: 66.000 millones de árboles no crean un bosque natural
Desertificación - Las diferencias entre plantaciones y masas naturales reflejan que el rendimiento varía según la edad de los árboles y la forma de gestionar cada terrenoReforestar todos los bosques perdidos ayudaría a enfriar la Tierra, pero no bastaría para frenar el cambio climático
Las tormentas de polvo atraviesan regiones enteras cuando el suelo pierde vegetación y empujan a China a frenar el avance de sus desiertos. El país asiático intenta proteger terrenos agrícolas, pastos y poblaciones expuestas a la degradación de las zonas áridas, porque la pérdida de suelo fértil reduce la producción y obliga a dedicar más recursos a recuperar áreas dañadas. También busca rebajar la cantidad de polvo que llega a las ciudades, mejorar el aire y conservar agua en territorios donde cada planta ayuda a fijar el terreno.

La plantación de árboles forma parte de esa respuesta, aunque su eficacia depende de las especies elegidas, de los cuidados posteriores y de la capacidad de cada bosque para adaptarse durante décadas. Esa última cuestión ha llevado a estudiar qué ocurre realmente en las grandes áreas reforestadas del país.
Un estudio comparó la evolución de bosques creados y masas naturales
Los bosques creados dentro de la Gran Muralla Verde están creciendo con mayor rapidez que los bosques naturales, según una investigación publicada en Geophysical Research Letters y recogida por Live Science. El trabajo examinó cómo responden ambos tipos de bosque al aumento del dióxido de carbono atmosférico y descubrió una diferencia notable en el desarrollo de sus copas.

Yuhang Luo, ecólogo del paisaje de la Universidad de Pekín en Shenzhen y autor principal del estudio, advirtió de que todavía quedan dudas sobre la capacidad real de estas plantaciones para retirar carbono de la atmósfera durante periodos largos.

China puso en marcha la Gran Muralla Verde en 1978 para contener la desertificación de los pastizales próximos a los desiertos de Gobi y Taklamakán, y prevé terminar el proyecto en 2050. Desde entonces ha plantado 66.000 millones de árboles y planea añadir otros 34.000 millones.
































El proyecto sustituyó especies que no resistían el clima y elevó la superficie forestal durante décadas



Las primeras fases tropezaron con especies de crecimiento rápido que soportaban mal el clima y acabaron muriendo, una experiencia que obligó a revisar la selección de árboles y los cuidados. El avance posterior elevó la cobertura forestal de las regiones afectadas del 5% en 1978 al 14% en 2023, según un artículo de Nature. Esa expansión también redujo las tormentas de polvo y mejoró el aire en ciudades situadas a favor del viento, entre ellas Pekín.

El equipo recurrió a datos de satélite para medir el índice de área foliar, que indica la densidad de las copas y ayuda a estimar la capacidad de absorción de carbono. Con ese método comprobó que el área foliar de los bosques plantados aumentaba un 66% más deprisa que la de los bosques naturales.

Buena parte de la diferencia procede de la edad, ya que los árboles jóvenes crecen con mayor rapidez, mientras que muchas masas naturales contienen ejemplares más maduros.

La ventaja permaneció incluso al comparar bosques de edad y condiciones parecidas. Las plantaciones crecían entonces un 4,6% más, con diferencias mayores en masas perennes y formadas por varias especies. Live Science atribuye parte de ese comportamiento a la gestión humana, ya que estas áreas suelen incluir eucaliptos o chopos, reciben fertilizantes y pierden vegetación competidora. Al disponer de más luz, agua y nutrientes, los árboles jóvenes aprovechan mejor el aumento del dióxido de carbono atmosférico.
































Las labores de mantenimiento, la elección de especies y la disponibilidad de recursos favorecen un crecimiento superior incluso entre masas con edades parecidas



Ese impulso alcanza su punto más alto cuando los árboles tienen entre 30 y 40 años y cae con fuerza después de los 40. Los bosques naturales avanzan con mayor lentitud, aunque mantienen mejor su capacidad durante periodos largos. Luo resumió esa diferencia temporal con una advertencia sobre el papel de cada modelo forestal: “Los bosques plantados pueden ser una herramienta potente para captar carbono a corto plazo, pero esta ventaja es temporal”.

También recordó que los bosques naturales siguen desempeñando un papel esencial cuando se piensa a largo plazo: “Para guardar carbono a largo plazo y mantener la capacidad de recuperación, los bosques naturales siguen siendo insustituibles”.
Los modelos climáticos deben tener en cuenta cómo evoluciona cada bosque
Los resultados obligan a revisar varios modelos climáticos que tratan todos los bosques de manera parecida y conceden poca importancia a la edad, las especies o los cuidados. Luo explicó que la gestión del suelo actúa de formas más específicas de lo previsto: “No se trata únicamente de plantar más árboles”.

También precisó qué decisiones alteran el rendimiento de una reforestación: “Importa cuándo se plantan, qué especies se eligen y cómo se gestionan con el paso del tiempo”. Esa información puede ayudar a calcular con mayor precisión cuánto carbono retira cada plantación y durante cuánto tiempo conserva esa capacidad.
































El país asiático protege cultivos, pastos y poblaciones mediante nuevas plantaciones



Kevin Dsouza, investigador que trabajó con modelos de reforestación en la Universidad de Waterloo y que no participó en el estudio, pidió cautela con el indicador empleado. El índice de área foliar describe la parte superior del árbol, mientras que el carbono también queda almacenado en la mardera, la corteza, las raíces y el suelo.

Por eso considera que la medida resulta útil, aunque ofrece una visión incompleta. Otro trabajo sobre bosques chinos señaló que las masas naturales pueden acumular más carbono sobre el suelo durante sus primeros años.

La Gran Muralla Verde ha demostrado que la reforestación puede frenar la desertificación, aunque su rendimiento climático depende de cómo envejecen los árboles y de lo que ocurre en cada parte del ecosistema.
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